Llega la Cuaresma, miramos el calendario litúrgico y automáticamente pensamos en la despensa: "Bueno, los viernes toca pescado". Para muchos de nosotros, dejar de comer carne o saltarse el postre ya no representa un desafío titánico. A veces, siendo muy honestos, la comida no es nuestro principal problema.
Pero, si el estómago no es el campo de batalla, ¿dónde libramos el combate espiritual de la Cuaresma?
Como líderes parroquiales, catequistas y servidores, nuestro mayor desgaste no suele venir de lo que comemos, sino de lo que decimos, de lo que consumimos mentalmente y de cómo tratamos a los demás. El verdadero desafío de hoy es vaciar el corazón de egoísmo para que Dios tenga espacio para entrar.
El ayuno que agrada a Dios
La Biblia es muy clara sobre lo que significa un sacrificio auténtico. En el libro del profeta Isaías, el Señor nos sacude con esta pregunta:
"¿No es más bien este el ayuno que yo quiero: desatar las cadenas injustas, aflojar las ataduras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo?" (Isaías 58, 6)
El ayuno físico es una práctica excelente y necesaria para dominar la voluntad, pero si no va acompañado de una transformación interior y de caridad hacia el hermano, se queda en una simple dieta. Como líderes de comunidad, nuestro ayuno debe reflejarse directamente en cómo tratamos a nuestro grupo.
El llamado del Papa León XIV: "Desarmar el lenguaje"
En su inspirador mensaje para la Cuaresma de este año 2026, el Papa León XIV nos ha dado en el clavo con una propuesta profética. Él nos advierte que no basta con el ayuno de alimentos físicos; necesitamos urgentemente un ayuno de nuestras actitudes destructivas.
El Papa nos hace una invitación que todo servidor debería anotar en su corazón:
"Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás".
¡Qué gran verdad! En nuestras reuniones de pastoral, en los chats de WhatsApp de la parroquia y en nuestras familias, a veces usamos las palabras como armas. El Papa León XIV nos llama a "desarmar el lenguaje", recordándonos que solo así "tantas palabras de odio dejarán paso a palabras de esperanza y de paz".
3 Formas prácticas de ayunar en tu servicio parroquial
Si la comida no es un problema para ti este año, te propongo tres "ayunos alternativos" ideales para quienes servimos en la Iglesia:
🤐 Ayuno de la queja y el chisme: Es la tentación número uno del servidor. "El párroco no ayuda", "los jóvenes no colaboran", "la otra comunidad hace las cosas mal". Este año, ayuna de la crítica destructiva. Si no tienes algo constructivo que aportar, guarda silencio y ora por esa persona. (Efesios 4, 29).
👑 Ayuno de "siempre tener la razón": El ego es un plato pesado. Ayunar de querer tener la última palabra en las reuniones parroquiales da espacio para que el Espíritu Santo hable a través de los demás. Practica la humildad de escuchar más de lo que hablas.
📱 Ayuno de ruido y pantallas: Pasamos horas haciendo scroll en redes sociales y nos excusamos diciendo que "no tenemos tiempo para orar". Apaga el celular una hora antes de dormir. Ayuna de la distracción y aliméntate del silencio donde Dios habla. (Mateo 6, 6).
La Cuaresma es vaciarse para llenarse
No ayunamos para sufrir, ayunamos para ser libres. Cuando le quitamos al cuerpo y a la mente sus caprichos diarios (ya sea el pan, el celular o el chisme), nos damos cuenta de que solo Dios basta.
Como servidores, necesitamos llegar a la Pascua con el corazón ligero. Acojamos la invitación del Papa León XIV, desarmemos nuestras palabras y hagamos de nuestra parroquia un lugar de sanación, no de juicio.
¿De qué vas a ayunar tú esta Cuaresma?
Jesús Urdaneta
Fundador y CEO de Un Minuto con Dios