El tema del servicio pastoral en la parroquia no es algo exclusivo de la cuaresma o de la semana santa, sino algo de todos los días, sin embargo, cuando tenemos un propósito cuaresmal por cumplir, más los pequeños sacrificios propios de la cuaresma como el ayuno, la abstinencia, entre otras cosas, puede que a los servidores se nos complique un poco más el asunto del servicio y todos los que servimos en una parroquia sabemos que a veces hay algunos hermanos que no nos ayudan del todo a que el servicio sea llevadero.
Así que sí, no eres el único o la única que siente que en este tiempo el servicio es un poquito más complicado; esto sin olvidar que producto de lo que implica la semana santa, en este tiempo hay muchas más actividades y celebraciones litúrgicas para realizar lo que nos puede llevar al agotamiento físico y mental y a veces también al agotamiento espiritual si antes no sabemos establecer un equilibrio entre el servicio y la retroalimentación espiritual. Porque sí, vamos a estar claros, muchas veces solo servimos y servimos como unos voluntarios y ya, pero en medio de todo ese trabajo no volteamos a mirar a Dios o no nos tomamos unos momentos para contemplar y escuchar lo que Dios quiere de nosotros.
Por eso este artículo tiene el título de Marta VS María, aunque realmente no hay una pugna entre ambas. Vayamos a ese pasaje bíblico al que queremos hacer referencia:
Lucas 10, 38-42:
38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
42 Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Cuando uno se enfrenta a este pasaje usualmente encuentra dos tipos o bandos de personas; por una parte están aquellos que defienden a Marta a capa y espada y se quejan también de que María no hace nada más que oír a Jesús. Por otra parte están aquellos que defienden a María a capa y espada y se quejan de que Marta se preocupa de muchas cosas, tal como Jesús lo afirma. Pero hoy vengo a plantearte una tercer bando; el de los que están de acuerdo en que debemos ser un poco Marta y un poco María.
Cuando hablaba arriba del equilibrio, me refería justamente a esto. No todo en la Iglesia tiene que ser servicio y servicio, trabajo y trabajo, pero tampoco todo puede ser solo contemplación y contemplación; repito: DEBE HABER EQUILIBRIO.
Porque te digo por experiencia propia que cuando nos enfocamos demasiado en el servicio, llega un punto en el que el cansancio nos hace entrar en crisis y llegamos a preguntarnos: ¿Cuál es el sentido real de lo que hago? ¿Y por qué los otros no sirven con la misma intensidad que yo? Y así empiezan a aparecer algunos pequeños demonios que empiezan a hablarnos al oído izquierdo diciéndonos: “Tú eres mejor porque trabajas más y los demás son unos perezosos.” O bien, “realmente no vale la pena seguir trabajando tanto porque nunca ves los frutos y la gente anda pendiente de cualquier otra cosa”.
La realidad es que cuando esa voz empieza a hablar muchos la escuchan y deciden cortar la misión.
Y me enfoco más en el servicio porque realmente es lo que más sucede en el día a día de nuestras parroquias.
De modo que aquí te dejo algunos consejos que podemos hacer para que haya un equilibrio entre el servicio y la contemplación y así no terminemos quemados cuando llegue el domingo de resurrección:
Aprende a delegar: Uno solo no puede hacer todo el trabajo y tampoco todos tienen que hacer todo el trabajo porque va a ser un desastre. Por algo dicen los refranes: “Al que asa dos conejos al mismo tiempo, uno se le quema” y el otro: “Muchas manos ponen el caldo morado”. Así que evalúa el carisma de cada hermano y delega según aquello en lo que mejor se desenvuelven.
No te calles lo que te disgusta: Este consejo es importante pero tenemos que tratarlo con cuidado. Es decir, mucho cuidado con ser de aquellos que cuando algo les molesta no miden la forma en la que se quejan o en la que hacen una corrección, porque después terminarás humillando y dividiendo y esa no es la idea. Así que, si algo te disgusta de tu equipo, de un hermano, toma un tiempo para pensar si el disgusto es real o solo es algo que está en tu mente y piensa primero en la mejor forma de decir lo que quieres expresar para no herir. Ayuda mucho que además de decir lo que te disgusta plantees posibles soluciones para erradicar el disgusto.
Antes de servir, ora: Uno no funciona igual con hambre que con el estómago lleno. Lo mismo pasa con el servicio; uno no sirve igual sin oración que con oración. Así que aquí te sugiero que siempre que llegues al templo para servir, primero pases por el sagrario y te quedes allí orando por lo menos unos 10 minutos (obviamente para que no te sientas presionado(a), debes llegar a tiempo al templo) y que cuando finalice tu servicio, hagas lo mismo, quédate otros 10 o 5 minutos en el sagrario para expresar a Dios cómo te sentiste en el servicio, para agradecerle y hasta pedirle por tus hermanos y por ti mismo(a).
Confía en Dios: La creencia de que todo lo debemos hacer nosotros no solo se ve reflejada entre los hermanos, sino también entre Dios y nosotros. Haz lo que te corresponde como te corresponde y no te estreses ni te llenes de ansiedad por el resto, porque estamos haciendo equipo con Dios y él se encargará del resto.
Sirve viviendo: Es más común escuchar la frase “Vive sirviendo porque el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Pero hoy yo te digo Sirve viviendo. Es decir, haz de tu servicio una oración. Vive, siente y profundiza lo que estás haciendo mientras lo haces y verás como al final el agotamiento será físico pero se verá opacado por el gozo de haber hecho las cosas con amor profundo.
Toma lo bueno y descarta lo malo: Un sacerdote me dijo una vez: “todas las personas y todas las situaciones tienen dos cosas que enseñarnos; una buena y una mala. Toma, pues, lo bueno de cada persona y de cada situación y olvida lo malo de cada uno y verás cómo todo se hace más fácil.”
Y cierro con esta cita de la primera carta de Pedro:
1 Pedro 1:3-9 (Biblia de Jerusalén)
³ Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer a una esperanza viva,
⁴ para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,
⁵ a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación que está dispuesta a ser revelada en el último momento.
⁶ Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo estéis afligidos por diversas pruebas,
⁷ a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor en la Revelación de Jesucristo.
⁸ A quien amáis sin haberle visto; en quien creéis, aunque de momento no le veáis, rebosando de alegría inefable y radiante,
⁹ al alcanzar la meta de vuestra fe: la salvación de las almas.
Escrito por Jesús Urdaneta
Fundador y CEO de Un Minuto con Dios