Hace algunos días una amiga se me acercó para pedirme un consejo sobre algo que le preocupaba que me hizo pensar en qué estrategias o soluciones podemos aplicar si nos sucede lo mismo. Aquí te lo cuento:


Amigo, tengo una preocupación. Como sabes tengo un tiempo de haberme mudado a los Estados Unidos. Ahorita, después de un tiempo he estado tratando de acercarme nuevamente a Dios y he tenido la oportunidad de ir a misa aquí, aunque ha sido difícil porque no hay muchas iglesias católicas cerca, además el padre que da la misa habla inglés y quien predica en español en la homilía, es el diácono quien simplemente lee un sermón escrito. Sabes que en Venezuela las homilías son más interactivas. 

Pero también he estado asistiendo a una iglesia evangélica, gracias a que un familiar asiste allí y me invitó. Y pues, la realidad es totalmente diferente; me han atendido de maravilla, hasta me regalaron una biblia, hay música que me atrapa y hace que me sienta más motivada a orar y, sinceramente me está gustando mucho. 

Pero tengo miedo porque crecí como católica y no quisiera faltar a esas tradiciones que me enseñaron en el hogar. Y no sé qué hacer. ¿Me puedes ayudar, por favor?”


En líneas generales esta fue la conversación, un poco más larga y con unas leves diferencias que se han hecho voluntariamente ya que me ha pedido discreción. Sin embargo, la esencia del caso está allí y nos muestra una realidad que está muy, pero muy presente en nuestra vida de fe.


EMOCIONALISMO PROTESTANTE


Empecemos por ver cuál es (por decirlo de alguna manera) la metodología o dinámica que utilizan ambas confesiones religiosas para “atraer” fieles o manifestar su fe. 


Es bien sabido que las iglesias protestantes se esfuerzan mucho para que sus cultos sean una experiencia espectacular. Y subrayo la palabra espectacular, porque, a mi juicio, como católico que soy, habiendo participado en cultos protestantes, es esa la palabra que mejor define sus encuentros. Son espectaculares; desde la música que es lo que más atrapa al que llega a una iglesia protestante, hasta lo que conocemos como el ministerio de acogida son realmente impactantes. 

Cuando llegas por primera vez a una iglesia protestante, por lo general hay una persona que ha sido designada previamente para acercarse a ti con rostro amable y con palabras usualmente atractivas y cuya única función es hacer que desde el segundo uno te sientas como en casa; es lo que podríamos llamar en el mundo del Social Media, el “HOOK” (El gancho). 

Te ofrecen café, un refrigerio, te acompañan hasta tu asiento y, en líneas generales, esto ataca una realidad que todos vivimos: La soledad y la necesidad de atención. Porque la mayoría de los que van a la iglesia (sea la confesión que sea) estamos, en parte, escapando de la soledad que causa este mundo hiperconectado y paradójicamente poco empático. 

Una vez que estás en tu puesto entra la banda musical que, en aquellas iglesias con mayor presupuesto, tienen hasta efectos visuales previamente diseñados para que, además de sentirte en casa, te sientas como en el concierto de tu artista favorito en el asiento vip.

En pocas palabras, hay un área específica que se está trabajando, que, por cierto, no es espiritual; es la psique. 


Está comprobado, además que es común en las iglesias protestantes adaptar los juegos de luces y las progresiones armónicas de sus canciones para generar una experiencia psicológica de gusto, como de necesidad de volver a estar allí para vivir y sentir nuevamente la misma experiencia. Es dopamina que se libera al máximo y que después puede terminar convirtiéndose en un vicio aunque no se vea como ello. 


Y, si recordamos la conversación hay otro punto clave que termina de atrapar a los que llegan a estas iglesias y es el recurso. A esta amiga le regalaron una biblia solo por ir una vez a la iglesia. 

Aquí en Venezuela es más común encontrarse con iglesias de este tipo que te dan comida al terminar el culto o mensualmente te regalan un mercado. Porque sí, la fe con hambre no sirve, así que enamoran al estómago para después enamorar el corazón. 


La cuestión es que, después que se sale de una iglesia en la que vives todo esto, todo en ti dice: “Necesito volver”. Ahora bien, la pregunta incómoda es: ¿La fe es solo una emoción y un sentimiento?


No quiero con esto afirmar que estas iglesias solo se preocupan de lo emocional, porque es bien sabido que también le dan un lugar importante a la lectura de las Sagradas Escrituras, solo que hasta ese estudio de la Biblia lo hacen atractivo. Es aquí donde se comprende con cierto grado de profundidad y satisfacción lo que bien nos expone Mircea Eliade en Lo Sagrado y lo Profano. 


Pero no quisiera tampoco solo hablarte desde mi experiencia, así que me tomé el atrevimiento de consultarlo con la IA, y esta fue su respuesta:


“Lo que mencionas es totalmente cierto y ha sido objeto de estudio tanto en la psicología de la música como en la sociología de la religión. En las últimas décadas, muchas iglesias protestantes (especialmente las de corte pentecostal, carismático y las llamadas megachurches) han profesionalizado lo que se conoce como "Diseño de la Experiencia de Adoración".


No se trata solo de "tocar música", sino de una ingeniería emocional diseñada para facilitar lo que ellos llaman "un encuentro con el Espíritu", pero que científicamente se puede desglosar en estímulos específicos.


Aquí tienes los puntos clave de cómo funciona esta maquinaria:


1. La "Fórmula" Musical: Progresiones y Estructura

La música contemporánea de adoración (estilo Hillsong o Bethel) utiliza recursos técnicos para generar una respuesta emocional colectiva:


La Progresión I-V-vi-IV: Es la base de casi todo el "Worship" moderno. Esta progresión es armónicamente circular y predecible, lo que genera una sensación de seguridad y familiaridad instantánea en el cerebro.


El "Crescendo" y el "Wall of Sound": Las canciones suelen empezar de forma minimalista (solo un piano o una guitarra acústica con mucho reverb) y van sumando capas de sonido. El clímax llega con el puente de la canción, donde la batería y las guitarras eléctricas crean una saturación sonora que induce una liberación de adrenalina.


Repetición Mantrática: Repetir una frase sencilla durante 5 o 10 minutos ayuda a "apagar" la parte crítica de la corteza prefrontal del cerebro, facilitando un estado de trance o hipnosis ligera.


2. Neurobiología de la Adoración

Cuando una persona se sumerge en este ambiente, su cerebro experimenta cambios químicos reales:


Dopamina: Se libera durante los momentos de clímax musical (el "subidón").


Oxitocina: Conocida como la "hormona del vínculo", se libera al cantar al unísono con cientos de personas, creando una sensación de unidad y pertenencia extrema.


Disminución de la actividad en el lóbulo parietal: Algunos estudios sugieren que la música intensa y las luces pueden alterar la percepción del "yo" y del tiempo, lo que el fiel interpreta como una "experiencia mística" o "perderse en la presencia de Dios".


3. El Entorno Audiovisual: Luces y Escenografía

El diseño de los templos modernos busca replicar la estética de un concierto de rock o un cine:


Iluminación Dinámica: Se usan colores fríos (azules/púrpuras) para momentos de introspección y colores cálidos o intensos (blancos/amarillos) para momentos de júbilo. Las luces robóticas y el humo (fog machines) ayudan a "difuminar" la realidad física del edificio.


Enfoque Visual: Al apagar las luces del público y concentrar la luz en el escenario, se anula la distracción externa y se dirige toda la atención hacia el líder de alabanza, quien actúa como un mediador emocional.”


TRADICIÓN CATÓLICA


Por otra parte, cuando uno va a una Iglesia católica tiene dos tipos de experiencias que pueden llegar a sentirse contrapuestas. Primero uno queda impactado por la belleza de los templos católicos, que por lo general no tienen los auditorios protestantes. Sin embargo, cuando llegas no hay alguien que haya sido designado para estar en la puerta y recibirte con una sonrisa y una palabra de bienvenida, ni para llevarte hasta el mejor asiento. 

En un templo católico, además, no vas encontrar asientos, sino bancas de madera que a veces hasta pegan en la espalda y son un tanto incómodas. 

Y cuando llegas al templo, no vas ver un culto apoteósico con efectos visuales ni un mega sonido meticulosamente ecualizado para generar una experiencia sobrenatural en quienes están allí. Generalmente, escuchas un coro sencillo y ves al sacerdote entrar en procesión, no con un traje hecho a la medida sino con vestimentas que parecen totalmente fuera de la moda de nuestro tiempo. Este sacerdote habla con una voz suave, pausada, no hay cambios notorios en el tono de voz y sigue, de principio a fin una estructura ritual que tiene siglos y siglos de existencia.


Definitivamente eso NO ENGANCHA. Porque además, no te sientes como en casa. Visualmente te sientes en un lugar diferente, sagrado y que se debe respetar, pero sentimental y emocionalmente pareciera que estoy en la edad media. Basta con voltear a ver las bancas para darse cuenta que la mayor parte de los fieles son adultos mayores.


No conforme con eso, a veces uno se encuentra con experiencias desagradables a la primera.

Me pasó una vez, siendo seminarista, que salí un momento al super para comprar algunas cosas que necesitaba y justo al frente tenía una iglesia hermosísima, así que al salir de comprar decidí pasar un momento a la Iglesia y visitar el Santísimo.

Cuando entro al templo, con mi pequeña bolsa en la mano de las compras, se me acerca una señora y me dice sin anestesia: ¡A la iglesia no se viene con bolsas! 


Mi contrariedad fue inmensa y, si te soy sincero, me provocó decirle muchas cosas a la señora, pero realmente di gracias a Dios que me pasó a mí y no a otro. Imaginemos si en vez de ser yo un seminarista en ese momento, hubiera sido alguien que estaba pisando por primera vez en la vida un templo católico porque necesitaba ayuda con un problema. NO LO PIENSO DOS VECES; ¡SALGO CORRIENDO DE ALLÍ!


Así que, en resumen, si uno va a la Iglesia Católica esperando “sentirse bien”, no creo que lo consiga. Y la pregunta incómoda aquí es: ¿Por qué entonces los católicos se jactan de decir que su Iglesia es la verdadera si pareciera que el Espíritu Santo no está allí porque uno entra y no se “siente” bien?


Y es entonces cuando vamos a la parte final de este artículo (que ya ha sido largo por cierto).


ENTENDIENDO LA FE


Dice la carta a los Hebreos: “Pues todo el que se nutre de leche desconoce la doctrina de la justicia, porque es niño. En cambio, el alimento sólido es de adultos; de aquellos que por la costumbre tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal." Hb 5, 13-14.


Y es que una fe que tiene como centro o que se preocupa sobremanera por mover las emociones y los sentimientos, es como beber leche materna; es alimento de niños. Y por eso es que la Iglesia Católica no es “atractiva” para aquellos que llegan por primera vez o que no tienen una formación de fe sólida. 


Estar en una misa es alimentarse de ese alimento sólido, porque es una fe que no busca mover tus emociones y sentimientos sino principalmente la razón.


San Juan Pablo II, en la Fides et Ratio lo dirá más o menos de la siguiente manera: La fe estimula a la razón a explorar nuevos horizontes, y la razón ayuda a que la fe sea razonable y no caiga en el fanatismo o el sentimiento puro. 


Y ojo, con todo esto no estoy diciendo ni que las emociones no son importantes sino solo la razón, ni tampoco que la razón no es importante sino las emociones y sentimientos. La fe, es una balanza equilibrada de ambas dimensiones. No debería pesar más la una que la otra, pues son hermanas. Fe puramente emocional es simple enamoramiento que se acaba rápido, y fe puramente racional se convierte en ideología.


Así que, hablando como católico (y sé que no soy el único que lo ha dicho), sí, nos falta aprender muchísimo a ser hermanos, a ayudar a que los que llegan a la Iglesia por primera vez se sientan como en casa; atendidos, escuchados, amados. De ese modo, la infinita riqueza que tiene la tradición eclesial podrá ser asumida con mayor facilidad en los hermanos y hermanas que llegan a nuestros templos. 


Y quisiera dejar una pregunta muy personal: ¿Qué puedo hacer yo hoy (no mañana), ¡hoy!, para que los que llegan por vez primera a la iglesia se sientan amados, escuchados y bien atendidos? Recordando que la Iglesia no es solo la institución, la Iglesia somos tú y yo.


CONCLUSIÓN


No quisiera terminar este artículo sin antes regresar a aquella conversación con mi amiga y decirte cuáles fueron las soluciones inmediatas que le dí: 



Así que, lo último (ahora sí), que tengo para decirte es: ánimo. El camino de fe no es fácil, tiene muchas trabas, muchas desviaciones que se ven muy convincentes e interesantes, pero si somos dóciles a la acción de Dios en nuestras vidas, sabremos escuchar su voluntad y ponerla en práctica aunque duela. Dios te bendiga.


Escrito por Jesús Urdaneta

Fundador y CEO de Un Minuto con Dios


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS