EMPATÍA O COMPASIÓN, ¿QUÉ ES MEJOR?
Hace tiempo ya que está de moda (si pudiera decirse) la palabra “Empatía”. Casi todos (por no decir otra cosa) la usan y al igual que la palabra amor la pisotean y poco a poco desvirtúan su valor. Cosa que usualmente ocurre porque la mayoría de quienes la usan no tienen la más mínima idea de lo que realmente significa.
Por otra parte, si nos ponemos a buscar en la Biblia, que es la que debe orientar todo lo que hacemos, decimos y pensamos, no encontramos la palabra empatía por ningún lado, aunque sí encontramos una parecida: La Compasión.
Así que en este artículo intentaré demostrar según mi propia experiencia al poner en práctica ambas palabras y al investigar un poco que hay una que tiene mayor peso y valor que la otra. ¿Apostamos a ver cuál es la que gana según yo?
Vayamos a la raíz
Obviamente, si esto es una disputa de palabras, tenemos que recurrir a donde todo empieza; la etimología de las palabras. (Y ojo, espero no encontrar ningún etimólogo que me juzgue por lo que voy a escribir aquí).
La palabra compasión proviene del latín tardío compassio (o compassionis). Es una palabra que los romanos crearon como un "calco" (una traducción casi literal) de la palabra griega sympátheia (simpatía).
Si la diseccionamos en sus raíces latinas, encontramos lo siguiente:
El prefijo com- (o cum): Significa "con", "junto a", "en compañía de" o "globalmente". Es el mismo prefijo que vemos en compartir o convivir.
El verbo pati: Significa "padecer", "sufrir", "soportar" o "experimentar". (Dato curioso: de esta misma raíz latina provienen las palabras "paciente" y "paciencia", es decir, el que sabe soportar o padecer sin alterarse).
El sufijo -sión: Indica "acción y efecto".
¿Qué significa en el fondo?
Etimológicamente, la compasión es la "acción de padecer junto con alguien". No se trata de mirar el sufrimiento desde afuera con lástima, sino de acompañar a la otra persona en su dolor. Histórica y filosóficamente, la compasión incluye un elemento proactivo: al sentir el sufrimiento del otro como propio, surge un impulso natural de querer aliviarlo.
Por otra parte, la historia de la palabra empatía es mucho más accidentada y moderna de lo que parece. Viene del griego antiguo empátheia (ἐμπάθεια), que en su momento significaba "pasión" o "afección intensa".
Sus componentes griegos son:
El prefijo en-: Significa "en", "dentro de" o "hacia el interior".
El sustantivo pathos (πάθος): Significa "sentimiento", "emoción", "sufrimiento" o incluso "enfermedad" (de aquí vienen palabras como patología o psicopata).
El sufijo -ía: Indica "cualidad" o "estado".
El fascinante viaje de la palabra: Aunque sus raíces son griegas, el significado que usamos hoy nació en Alemania a finales del siglo XIX. Los filósofos de la estética alemanes inventaron la palabra Einfühlung (que literalmente significa "sentir adentro"), para describir cómo una persona proyectaba sus propios sentimientos hacia una obra de arte o la naturaleza.
A principios del siglo XX (en 1909), el psicólogo británico Edward Titchener necesitaba traducir esa idea alemana de Einfühlung al inglés. Para darle un aire científico, tomó las raíces griegas y acuñó el término empathy. De allí, la psicología la popularizó y luego saltó al español como empatía.
¿Qué significa en el fondo?
Etimológicamente, la empatía es la capacidad de "entrar en el sentimiento" o "sentir desde dentro". A diferencia de la compasión, el pathos de la empatía no solo se refiere al sufrimiento, sino a cualquier emoción. Es el ejercicio cognitivo y emocional de meterte en los zapatos de la otra persona para comprender su realidad interna, ya sea alegría, tristeza, miedo o ira.
Una experiencia un poco vergonzosa
Ya conociendo el significado pudiera decir que el marcador va Empatía 1 - Compasión 0. Y esto me da un poco de risa porque hasta el momento previo en el que me dediqué a investigar sobre esto, en mi mente ganaba la compasión. Sinceramente yo era de los que pensaba que la empatía sonaba a algo muy superficial y que la compasión era más profunda. Esta investigación fue como un balde de agua fría para mis ideas y creencias. ¿No te ha pasado? ¿No sientes que cuando te sucede quedas como en ridículo? Y me critiqué por ser de esos que mencioné al principio; usaba la palabra sin saber realmente qué significaba.
En mi caso, me dije a mí mismo: Cómo puede ser posible que hayas menospreciado la empatía tanto tiempo. Cómo puede ser posible que no hayas investigado antes…
Y sí, mi problema fue que cambié los significados. A la compasión le otorgué el significado de la empatía y a la empatía el significado de la compasión. En parte porque no investigué y en parte porque soy de esos a los que no le gusta seguir modas. Al notar que casi todo el mundo usa la empatía como bandera para todo, me dije: Si al mundo le gusta, a Dios no tanto.
Qué gran problema con los prejuicios que nos hacemos, ¿cierto?
Así que, quiero disculparme contigo porque a lo mejor al principio pensaste que me iba a inclinar más por la compasión por el hecho de que sí aparece en la biblia, por ejemplo:
"Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor." Mateo 9:36
"El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!" Lamentaciones 3:22-23
Y también me disculpo conmigo mismo por no haber dedicado el tiempo para investigar y por haber sido un prejuicioso.
Pero, por favor, no me malinterpretes, mi intención con esto no es que le tengas amor a una y odio a la otra. No estoy diciendo (Y Dios me guarde de hacerlo) que los hagiógrafos se equivocaron al usar la palabra compasión en vez de empatía, ni que el Espíritu Santo debió inspirar mejor a los hagiógrafos. ¡Nada que ver! No soy quién para ello.
Lo que sí quiero hacerte reflexionar es que no importa la palabra que uses, no importa si lo tuyo es ser más compasivo(a) o más empático(a), lo que importa es ponerlas en práctica y no solo con quienes conocemos y nos caen bien sino sobre todo con aquellos a quienes nos cuesta amar más.
Pensemos por un momento en los países en guerra… Pensemos en las declaraciones del presidente de los EEUU quien amenazó (literalmente) sin compasión, sin empatía ni misericordia a toda una nación de ser exterminada en segundos. ¿De verdad con tantos avances tecnológicos, con tantas Inteligencias Artificiales que te resuelven la vida en minutos, con las oportunidades y facilidades que tenemos hoy no podemos ser capaces de avanzar por lo menos un poquito en ser más humanos? ¿De verdad es tan difícil salir un momento de nosotros mismos para ver, sentir y escuchar al otro? ¿Qué nos está pasando? ¿Acaso la pandemia no nos enseñó nada?
Así que cierro esta pequeña tertulia rogándote a ti que me lees; no por mí, por ti, por Dios, por los demás: sé más empático(a), sé más compasivo(a), sé más misericordioso(a) a ejemplo de Aquel que dio su vida por nosotros; a ejemplo de Aquel que es la compasión, la empatía y la misericordia mismas; a ejemplo de Aquel que es siempre bueno.
Escrito por Jesús Urdaneta
Fundador y CEO de Un Minuto con Dios