Hay una realidad muy presente en el mundo y la vida de los catequistas y en su proceso de evangelización o en su misión evangelizadora, y es el llegar a sentirse muchas veces quemados; es decir, como que se acaban las ideas, como que desaparece la creatividad y no surgen las ideas por más que pedimos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos ayude a dar lo mejor de nosotros. Y esto, de una u otra forma nos frustra y muchas veces hace que hasta lleguemos a dudar de si nuestra fe es lo suficientemente fuerte o grande o si vamos por el camino correcto o incluso si estamos en la vocación correcta.
Es aquí donde realmente se mide la perseverancia de un catequista; pues lamentablemente muchos llegan hasta aquí y deciden tirar la toalla, como aquella parte de las semillas que cayeron en terreno lleno de espinas; empiezan a crecer pero llegan los problemas, las crisis y estos problemas y crisis los ahogan.
Pero, no quiero centrarme en los que se quedan y los que se van, sino en ayudarte a descubrir las posibles razones que causan estos momentos de crisis y de dificultad.
¿Qué es el burnout?
Ya que estamos en la era de la IA, dejemos que sea ella quien nos responda esta pregunta:
“El síndrome de burnout (también conocido como el síndrome del trabajador quemado) es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo clasifica oficialmente como un "fenómeno ocupacional" y lo describe no como una enfermedad médica, sino como un síndrome resultante de la tensión laboral prolongada.”
Fijémonos cómo ya leyendo el primer párrafo de esta descripción dada por Gemini, podemos encontrar algunos puntos clave que pueden orientar la pregunta que se hace el catequista que enfrenta esta situación: ¿Qué me está pasando? ¿Cómo puedo salir de este bloqueo creativo?
Quizá lo que está pasando es que como catequistas también tenemos el resto de responsabilidades que tiene el resto del mundo. Un catequista, si ya es mayor, también tiene que preocuparse por las cosas del hogar, también tiene cuentas por pagar, también tiene responsabilidades que cumplir en el trabajo, y llega un punto en el que todo esto realmente pesa; es como que todo se junta y nos sentimos literalmente ahogados, agobiados. Es por esto que quizá hoy es tan común enfrentarnos a problemas de ansiedad. Porque esta era pos pandemia parece que nos empuja cada vez más a hacer y hacer, producir y producir sin parar, incluso a ver el STOP como algo innecesario, como inutilidad y hasta como pérdida de tiempo.
Así que quisiera dejarte claro, en primer lugar, que si tú eres uno de esos catequistas que está pasando por un momento de burnout, no es tu culpa, no es tu fe, no es un error de vocación, es que quizá necesitas bajarle dos.
Algunas razones por las que no puedo parar aunque me sienta quemado(a)
No es una cuestión aislada y no, no es fácil salir del burnout una vez que se está allí, y la razón principal de esto es porque 1) el mundo no quiere que te detengas. Las redes nos inundan de ejemplos de gente que aparenta no parar, gente que todos los días te vende un curso para trabajar digital desde donde estés, pero al fin al cabo gente que te mete en bucles de trabajo infinito y que no te ayuda realmente a encontrar esa paz y tranquilidad financiera. Así que, ten en cuenta esto, no escuches la voz del mundo que dice que sigas. ¡Detente y ya!
La segunda razón está dentro de nosotros mismos, pero es algo motivado por el primer punto y se trata del miedo a ser considerados inútiles. En nuestro servicio parroquial esto puede verse como una competencia: “aquel hermano hace más que yo, se ha comprometido en más cosas… yo no puedo quedarme atrás”. O también se ve como aquel sentimiento de que si paramos, el reino de Dios se quedará sin un obrero más y por tanto bajarán las conversiones, los cristianos y luego el mundo estará perdido.
Ante esto, tengamos en cuenta una cosa, nosotros solo estamos encargados de sembrar la palabra, pero no de hacerla germinar. Es Dios quien termina el trabajo que nosotros solo iniciamos, así que no desesperes si crees que no estás consiguiendo los frutos que quieres, porque Dios obra todo a su manera y en su tiempo.
Y finalmente, no puedo dejar de mencionarlo, la tercera razón es que ciertamente hay pocos obreros y dentro de la Iglesia, el párroco quizá puede sentirse más identificado con la forma de servir de unos o sentirse más apoyado en unos y no en todos. Y esto nos convierte en los mejores guerreros de Dios.
Algunas formas en las que podemos parar
Sí, hace unas líneas atrás dije que no es fácil, pero no es imposible, porque tú y yo sabemos que nada es imposible para Dios y tampoco para el que cree. Así que te van algunos consejos sacados de mi propia experiencia de burnout:
Sigue orando. La oración trae alivio, descanso y reparación. Así que no dejes de orar, porque cuando menos ganas tenemos de hacerlo, la oración surge con un sonido más hermoso y agradable a Dios. Y no lo digo yo, ya lo dijo hace tiempo San Josemaría Escrivá.
Organiza tu agenda y siempre destina unas horas o (si es posible) un día para ti. Pero esas horas o días que dedicarás, no los ocupes en ver la TV, o salir de paseo, porque esto en vez de erradicar el burnout, lo esconde en un hueco del que saldrá más adelante. Dedica tiempo para estar (verdaderamente) contigo, para el silencio y el descanso pasivo.
Pide ayuda. Si crees que con tu puro esfuerzo podrás salir, es posible que lo logres pero seguramente será mucho más difícil y más riesgo de no salir de ahí nunca. Así que, pide ayuda, sin miedo. Habla con tu párroco y explícale cómo te sientes, y pide ayuda a tus amigos para que te acompañen con la oración y cubriéndote en momentos para que también puedas descansar.
Y, finalmente, refúgiate en la Palabra de Dios que es un bálsamo para el corazón.
Ánimo, no desmayes, Dios ve tus dificultades, las entiende y las acepta como sacrificio, porque eso también hace parte del camino de santidad. Dios te bendiga.
Jesús Urdaneta,
Fundador de Un Minuto con Dios