En las noticias, en los grupos de WhatsApp o en las redes sociales, a veces leemos palabras sobre la Iglesia que suenan complicadas, distantes o hasta un poco asustadizas. Una de esas palabras es "cisma". Y últimamente, ha vuelto a sonar mucho cuando se habla de ciertos grupos tradicionales, especialmente de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX).
Hoy mi objetivo no es darte una clase aburrida de derecho canónico, sino hablarte de corazón a corazón para que entiendas qué pasa en nuestra familia (la Iglesia) y cómo podemos orar por ella. Así que hablemos de esto de manera sencilla.
¿Qué significa realmente un "cisma"?
Imagina que la Iglesia es como una gran familia sentada a la mesa un domingo. Todos somos diferentes: unos rezan más alto, otros son más silenciosos, a unos les gusta cantar con guitarra y a otros les gusta el órgano tradicional. Pero todos reconocemos a una misma figura paterna en la mesa, que es el Papa (el representante de Jesús en la tierra), y todos compartimos el mismo banquete: la Eucaristía.
Un cisma ocurre cuando un grupo de hermanos dice: "No estoy de acuerdo con cómo el Papa está dirigiendo la casa, así que me levanto de la mesa, me voy y ya no le rindo obediencia".
A diferencia de la herejía (que es cambiar las creencias fundamentales de la fe, como decir que Jesús no es Dios), el cisma no es necesariamente cambiar la doctrina, sino romper la comunión y la obediencia. Es, literalmente, una herida en la familia. Es dejar de caminar juntos bajo el mismo pastor.
El caso de la Fraternidad San Pío X (FSSPX)
Para entender esto, tenemos que viajar unas décadas atrás, justo después del Concilio Vaticano II (en los años 60). El Concilio trajo cambios a la Iglesia, siendo el más visible la Misa: pasó de celebrarse en latín y de espaldas al pueblo, a celebrarse en el idioma de cada país y de frente a la gente.
Un obispo francés, Monseñor Marcel Lefebvre, sintió que algunos de estos cambios y otras enseñanzas del Concilio ponían en peligro la tradición católica. Con la mejor de las intenciones de proteger la fe y formar sacerdotes a la manera antigua, fundó la Fraternidad San Pío X.
El problema no fue que les gustara la Misa en latín (¡la Iglesia ama y permite la Misa en latín!). El doloroso quiebre llegó en el año 1988. Monseñor Lefebvre, sintiendo que su vida se acababa, decidió ordenar a cuatro obispos para que continuaran su obra. Pero lo hizo sin el permiso del Papa San Juan Pablo II, y yendo en contra de su prohibición expresa.
En la Iglesia, ordenar un obispo sin el mandato del Papa es un acto gravísimo, considerado un acto cismático, porque rompe la cadena de obediencia familiar. Eso trajo como consecuencia la excomunión inmediata de quienes participaron.
¿Cuál es la situación hoy? ¿Están fuera de la Iglesia?
Aquí es donde entra la belleza de la paciencia y la misericordia de la Iglesia, que siempre actúa como una madre que deja la puerta abierta esperando que sus hijos vuelvan.
A lo largo de los años, los Papas han hecho esfuerzos inmensos por sanar esta herida:
El Papa Benedicto XVI, en un gesto de amor tremendo, levantó las excomuniones de esos cuatro obispos en el año 2009.
El Papa Francisco, para que los fieles que asisten a estas misas no se queden sin la gracia, les dio permiso a los sacerdotes de la FSSPX para confesar y casar válidamente, sin embargo, la reconciliación no llegó del todo.
Ahora, tan solo meses después de la llegada del Papa León XIV a la Sede Petrina, la Fraternidad, nuevamente tomó la decisión de ordenar a 4 nuevos obispos en Econe, Suiza (Misma sede de la ruptura inicial) sin la autorización de la Santa Sede. Pese a que el Vaticano y el Papa León XIV exprésamente en una carta enviada al superior de la Fraternidad les rogó no hacerlo, la respuesta fue de desobediencia.
De modo que, como lo dicta el Código de Derecho Canónico, se debe proceder inmediatamente a la excomunión formal de los obispos ordenados y de los que ordenaron a estos cuatro obispos.
¿Qué nos toca hacer a nosotros?
Cuando escuchamos estas cosas, a veces la tentación es tomar bandos y empezar a pelear por internet: los "tradicionales" contra los "modernos". Pero Jesús no nos llamó a ser un club de debates, sino a ser uno. La noche antes de morir, la oración más intensa de Jesús fue: «Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17, 21).
La desunión es el mayor obstáculo para la fe. Si el mundo nos ve peleando entre católicos, ¿cómo van a creer en el amor de Dios?
Hoy te invito a no juzgar con dureza, sino a doblar rodillas. Oremos por el Papa León XIV, para que Dios le dé sabiduría al tener que enfrentar esta dolorosa situación; oremos por los sacerdotes de la FSSPX, para que el Espíritu Santo guíe sus corazones hacia la comunión plena; y oremos por nosotros mismos, para que en nuestras propias parroquias y movimientos nunca seamos causa de división, sino constructores de puentes.
La mesa de Dios es grande, y nuestra oración diaria debe ser que, muy pronto, la familia entera vuelva a estar junta en casa.
Escrito por Jesús Urdaneta
Fundador y CEO de Un Minuto con Dios